Berlioz y la Hormiga bipolar (I)
Este cuento fue escrito por dos individuos de singular manera: El individuo A escribía 5 palabras mientras el individuo B escribía otras 5. El resultado es producto de la unión de dos mentes bastante complejas y distintas. Disfrútalo.
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Berlioz era un niño bastante tímido y un día se cayó de las escaleras porque iba corriendo y tropezó con una hormiga que dijo -hola, te ves con prisa Niño -. Y él le contesto -es que tengo que ir a comprar un cigarrito de marihuana - .y la hormiga contesto: -pero es para el otro lado -. Berlioz rio y dijo ¡ohh que pendejo estoy! tienes razón. La hormiga dijo -¿te puedo dar un abrazo? es que me siento algo sola triste porque nadie quiere acompañarme-. Berlioz dijo -mmm está bien - le dio el abrazo y continúo su camino sin mirar a la pobre hormiga llorar. la hormiga se quedo lamentándose porque quería un porrito de fresa con chocolate verde y una botella de whisky irlandés. Berlioz escuchó a la hormiga y regresó para decirle que si lo quería acompañar por el porrito de fresa con chocolate. La hormiga lo vio y le dijo -No gracias - Berlioz le pregunto -¿Porque? Si voy por el mismo camino. La hormiga dijo -pero no me caes nada bien wey-. berlioz dijo pero tú me abrazaste y yo pensé que chance éramos amigos pero ahora veo que eres bien pinche ojete. la hormiga dijo, no es que…
Lulú&Borrego
Continuará.____________________________________
Berlioz era un niño bastante tímido y un día se cayó de las escaleras porque iba corriendo y tropezó con una hormiga que dijo -hola, te ves con prisa Niño -. Y él le contesto -es que tengo que ir a comprar un cigarrito de marihuana - .y la hormiga contesto: -pero es para el otro lado -. Berlioz rio y dijo ¡ohh que pendejo estoy! tienes razón. La hormiga dijo -¿te puedo dar un abrazo? es que me siento algo sola triste porque nadie quiere acompañarme-. Berlioz dijo -mmm está bien - le dio el abrazo y continúo su camino sin mirar a la pobre hormiga llorar. la hormiga se quedo lamentándose porque quería un porrito de fresa con chocolate verde y una botella de whisky irlandés. Berlioz escuchó a la hormiga y regresó para decirle que si lo quería acompañar por el porrito de fresa con chocolate. La hormiga lo vio y le dijo -No gracias - Berlioz le pregunto -¿Porque? Si voy por el mismo camino. La hormiga dijo -pero no me caes nada bien wey-. berlioz dijo pero tú me abrazaste y yo pensé que chance éramos amigos pero ahora veo que eres bien pinche ojete. la hormiga dijo, no es que…
Lulú&Borrego
Continuará.
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Más allá de la palabra
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Ven
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Antes de morir
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Distrito Federal
La nostálgica luz de la luna entra por la ventana de mi carro que atraviesa Zaragoza a vuelta de rueda. No hay nada como conducir en la Ciudad de México para platicar con uno mismo. El automóvil se ha puesto deprimente y canta a todo volumen con los Bunkers –Adiós, amor…- . El pasado se fue disolviendo en la carretera, se lo comió el viento y algunos coyotes marihuanos porque aquí no es así.
Y de pronto me siento un parasito dentro del gran monstruo que es la Ciudad de México y acelero al dejar atrás Viaducto, pero en Tlalpan la cosa vuelve a la normalidad y el tráfico se enfurece, la gente se encabrona y la vida no vale dos pesos en una ciudad que está de mal humor.
A un costado corre furiosa la serpiente naranja que hace las veces de solitaria y las otras de transporte público. Los pasajeros del colectivo miran burlones las caras de los conductores que llevan dos horas encerrados en el embotellamiento cotidiano.
Aquí los Corvettes y los Dart 89’ corren exactamente lo mismo y lo mismo se dicen un taxista principiante que lleva colgado un disco del retrovisor y un chofer privado de esos elegantes y con boina cuando uno le gana el espacio al otro en esta guerra de motores y movimiento: ‘¡Chinga tu madre wey!’
Ha llegado la hora y en las esquinas se dejan ver las vendedoras de amor, las mujeres de la vida galante: las putas. La fila de coches comienzan a hacerse larga y el tráfico comienza a disminuir.
Esta vez entré por Portales para ver lo miserable que aún no se vuelve mi Barrio y veo en la esquina a un par de señores ahogados en alcohol cantándole con furia a una mujer que no los escucha y que más tarde se agarrarían a golpes o eso creyeron.
La Ciudad de la esperanza se ha obscurecido un poco más y el chevy comienza a exigir gasolina cuando por fin logro llegar a mi viejo departamentito de Antillas ahogado en cansancio y con resaca auditiva por tantas bocinas y fiestas por la calle.
Un animal dentro de mí me reclama a gritos que tengo que alimentarlo, que no sea culero, que llevo doce horas sin tragar más que unas sabritas rancias y una coca cola caduca. Lo primero que me cae a la mente es un bien servido plato de espaguetti del Italiani’s de Universidad pero mi cartera me lo impide: Cien pinches pesos. La segunda fue La Flama pero francamente me daba flojera manejar una vez más.
La opción fueron los ya famosos tacos de General Anaya y me tocó a mí burlarme ahora de los dos coches que pasan a cien por hora en la irónica e impredecible calzada de Tlalpan. No me dio tiempo ni de ponerme los audífonos cuando ya estaba ordenando: Dos campechanos sin aguacate por favor.
Después de quien sabe cuántos tacos, algunas cervezas y ‘la cuenta y dos policias’ me encaminé a casa, esta vez a pie pues el metro había cerrado ya, cuando pude verla sentada en la banqueta con sus verdes ojos goteantes...
By Borrego,
Continuará.
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Desde mi chevy rojo
La vida en un chevy rojo va de prisa, pero siempre despacio. Voy tomando periférico desde camino real. Todo corre poco pero me la suda: no hay nada como el olor a gasolina cuando el motor se fuerza y se esfuerza.
Si cada cabeza es un mundo, cada motor una galaxia y cada coche una historia diferente. Un par de kilómetros después le subo a los No! y sus Borregos Kamikazes que suenan a través de mis bocinas rotas y me inspiran a volar. Acto seguido bajo el cristal y ahogo el acelerador.
Los problemas viajan en Sedán y minivan. No, mi Chevy rojo no corre como deportivo, pero se sabe defender. Mis lentes obscuros aparecen junto al resplandor del sol y el ‘perí’ se vuelve portador de accidentes. Uno a uno los vochos y las Voyager 2004 familiares se van quedando atrás.
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Todo cabe en un Chevy rojo sabiéndolo acomodar. El chevy rojo es de aquellos desordenados que tienen todo tirado. Arreglar su maletero es casi tan difícil como dar una vuelta en la esquina sin frenar. Toda una vida viaja en los asientos traseros del automóvil rojo que se mueve ahora por la ciudad de la esperanza.
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Despacio, que llevamos prisa. Mi chevy rojo es descarado. Se le pone al tiro a cualquiera en plena hora pico. Se mete por aquí y por allá, acelera cuando ve el amarillo y no se deja de ningún ‘grandote’. Si, mi chevy rojo es un cabrón. Pero se sabe comportar cuando el riesgo es mayor. Despacio, que llevamos prisa y si queremos llegar.
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Compacto, flaquito y bonito. ¡Qué sexy es el chevy! No es muy tosco, cabe perfectamente en todos lados, se estaciona de lo más bello. No come casi nada: Cargar gasolina no es una actividad que uno frecuente mucho (aunque si cada vez más) desde el asiento de mi chevy rojo y sus curvas aéreas son encantadoras, pero sabe mostrar la trompa bien. Que belleza de automóvil.
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La vida es una carretera. Llego la hora de dormir, el coche cierra las luces o apaga sus ojos y después el motor logra descansar. No hay más camino y me quito el cinturón, apago la música y bajo del carro que otra vez quedo mal estacionado, pero se ve precioso. Nos vemos la próxima y cierro la puerta. Me meto a la casa no sin antes escucharlo decir hasta luego. ‘Beep Beep’.
Borrego,
la culpa es de Borrego a las 16:57 4 weyes han dicho
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