De cómo un charco es capaz de crear un caos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Para faltar a la costumbre, llegué a la CAPU sobre la hora y corriendo con la maleta sobre la espalda y una bolsa de pan en la mano. Fui el último en subir al camión y al ocupar mi lugar pude constatar por la ventana que las siguientes horas serían de tormenta. A decir verdad, era un tema que me preocupaba muy poco pues las dos horas siguientes estaría en un cómodo camión rumbo a la ciudad de México.

El viaje transcurría con normalidad cuando la carretera comenzó a cargarse de más vehículos, pero a decir verdad, nada parecía estar fuera de lugar: tráfico habitual en una ciudad cómo es la de México. Después de una hora de retraso, nos percatamos que algo andaba fuera de lugar, algo habría ocurrido, pero nadie sabía qué.

Después de 2 horas de retraso (4 hrs de viaje) nos comenzaron a desviar de Zaragoza a las pequeñas calles que se encuentran en la lateral de la avenida, misma que se encontraba completamente desierta y moribunda, a excepción del monstruo naranja que pronto se fue a dormir.

Al cabo de media hora y medio kilómetro después, una estampida furiosa de coches comenzó a correr por Zaragoza, sin embargo, a los pocos minutos, los coches comenzaron a moverse en reversa y algunos incluso, en sentido contrario. Desde la ventana del camión no se alcanzaba a ver el motivo por el cual los coches regresaban y nosotros seguíamos sin saber porque no nos movíamos, aunque por la lluvia, todos teníamos ya una ligera idea.

De pronto, la lluvia se detuvo y el caos comenzó a desatarse: Una pasajera furiosa se levantó de su asiento y fue hacia el frente del camión solamente para insultar al chofer por su ‘alta ineficacia’ y solicitó que le abrieran las puertas, pues según ella, caminando llegaría más rápido. El chofer se limitó a responder que él no tenía la culpa del tráfico y después de muchos insultos, accedió a abrir la puerta: No volvimos a saber nada de la histérica mujer y mucho menos de la calma dentro de nuestro vehículo.

Los coches ya no se movían, el motor del camión duró apagado aproximadamente una hora y el chofer incluso había salido de la unidad para platicar con algunos otros compañeros de otros viajes. Muchos pasajeros descendieron también para estirarse y tomar el frío aire, ya de madrugada y buscar sin éxito alguna tienda para comprar comida, cigarros y refresco, de pronto me sentí como un personaje más en ‘La autopista del sur’ de Julio Cortazar.

Un pequeñito rayo de luz de asomó al escuchar muchos motores encenderse y los pasajeros que habían descendido subieron corriendo detrás del chofer y por fin logramos movernos de ahí la ventajosa distancia de dos kilómetros. El chofer bajó una vez más, pero esta vez impidió que los demás pasajeros abandonaran.

Algunos minutos después, el chofer subió, encendió el motor y comenzó a moverse entre los coches con demasiado esfuerzo, gritando por la ventana ‘¡Me la voy a jugar, denme chance, me la voy a jugar!’ Los otros choferes como podían abrían espacio para nuestro transporte y 20 minutos después, llegamos al frente del problema: Un mar auténtico a la mitad de la ciudad.

El conductor detuvo el autobús, pidió que nos sentáramos todos (algo que llevábamos una hora sin hacer) y dijo ‘Ustedes dicen si lo intentamos o no…el riesgo es alto, podemos quedarnos a la mitad’. Después de algunos segundos de pensarlo, tímidos, contestamos que sí, que si no llegábamos, pues ¡Viva México! Y ya ni modo. Una patrulla advirtió al camión por última vez ‘Solo uno ha pasado, dos ya se atoraron’.

Bajamos por nuestras maletas y volvimos a subir al ADO que estaba listo para la aventura de la noche. Las luces interiores se encendieron por completo y los ahora 39 pasajeros nos volcamos sobre la parte frontal del vehículo que arrancaba en con dirección al impresionante charco de aproximadamente 2 metros de altura.

Después de 4 horas y media, volvía a reinar el silencio, presa del nerviosismo. El conductor forzó el autobús, mismo que parecía fracasar por momentos, pues las luces se apagaban y regresaban y el motor tronaba bastante feo: aquellos nervios pronto se convirtieron en miedo.

Después de aproximadamente dos kilómetros (según mis cálculos) el auto logró salir, sin embargo el motor no funcionaba adecuadamente y nos movíamos a 10 kilómetros por hora.

De pronto, el camión se jaló y aceleró a fondo: lo habíamos logrado. Se escucharon algunos aplausos en el camión, aunque predominaron los suspiros… el resto del viaje transcurrió con normalidad, aunque con un ligero olor a alcantarilla. Llegamos a la terminal del Sur (Tasqueña) a las 3:30am aproximadamente, cinco horas después de lo planeado.

Borrego,

dubidubidubi

lunes, 1 de agosto de 2011

Prueba 1

dubidubidubi

Prueba 1

Prueba 1

Prueba 1

Berlioz y la Hormiga bipolar (I)

martes, 21 de junio de 2011

Este cuento fue escrito por dos individuos de singular manera: El individuo A escribía 5 palabras mientras el individuo B escribía otras 5. El resultado es producto de la unión de dos mentes bastante complejas y distintas. Disfrútalo.
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Berlioz era un niño bastante tímido y un día se cayó de las escaleras porque iba corriendo y tropezó con una hormiga que dijo -hola, te ves con prisa Niño -. Y él le contesto -es que tengo que ir a comprar un cigarrito de marihuana - .y la hormiga contesto: -pero es para el otro lado -. Berlioz rio y dijo ¡ohh que pendejo estoy! tienes razón. La hormiga dijo -¿te puedo dar un abrazo? es que me siento algo sola triste porque nadie quiere acompañarme-. Berlioz dijo -mmm está bien - le dio el abrazo y continúo su camino sin mirar a la pobre hormiga llorar. la hormiga se quedo lamentándose porque quería un porrito de fresa con chocolate verde y una botella de whisky irlandés. Berlioz escuchó a la hormiga y regresó para decirle que si lo quería acompañar por el porrito de fresa con chocolate. La hormiga lo vio y le dijo -No gracias - Berlioz le pregunto -¿Porque? Si voy por el mismo camino. La hormiga dijo -pero no me caes nada bien wey-. berlioz dijo pero tú me abrazaste y yo pensé que chance éramos amigos pero ahora veo que eres bien pinche ojete. la hormiga dijo, no es que…

Lulú&Borrego

Continuará.
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Berlioz era un niño bastante tímido y un día se cayó de las escaleras porque iba corriendo y tropezó con una hormiga que dijo -hola, te ves con prisa Niño -. Y él le contesto -es que tengo que ir a comprar un cigarrito de marihuana - .y la hormiga contesto: -pero es para el otro lado -. Berlioz rio y dijo ¡ohh que pendejo estoy! tienes razón. La hormiga dijo -¿te puedo dar un abrazo? es que me siento algo sola triste porque nadie quiere acompañarme-. Berlioz dijo -mmm está bien - le dio el abrazo y continúo su camino sin mirar a la pobre hormiga llorar. la hormiga se quedo lamentándose porque quería un porrito de fresa con chocolate verde y una botella de whisky irlandés. Berlioz escuchó a la hormiga y regresó para decirle que si lo quería acompañar por el porrito de fresa con chocolate. La hormiga lo vio y le dijo -No gracias - Berlioz le pregunto -¿Porque? Si voy por el mismo camino. La hormiga dijo -pero no me caes nada bien wey-. berlioz dijo pero tú me abrazaste y yo pensé que chance éramos amigos pero ahora veo que eres bien pinche ojete. la hormiga dijo, no es que…

Lulú&Borrego

Continuará.

Más allá de la palabra

lunes, 20 de junio de 2011

Amor. Dolor. Resentimiento. Mudanza. Salud. Hogar. DF. Resistencia. Cerveza. Odio. Coraje. Soledad. Pasión. Rojo. Distancia. Color. Necaxa. Calor. Tú. Éxito. Luchar. Sabor. Ska. Blanco. Sueño. Distancia. Alcohol. Temor. Diferencia. Cultura. Portales. Futbol. Contracorriente. Fuerza. Fuego. Letras. Puebla. Sonrisa. Rizos. Melancolía. Nostalgia. Vida. Alegría. México. Tristeza. Paso. Tlalpan. Viajes. Anormal. Necedad. Balón. Desigualdad. Miserable. Muerte. Sangre. Izquierda. Reggae. Niki. Amistad. Calaveras. Mohawk. Victoria. Derrota. Amargura. Mar. Cholula. Quetzalan. Expresión. Tacos. Dramatismo. Slam. Piedras. Volar. Raro. Mayo. Gol. Imaginación. Tonto. Borregos. Tyson Realidad. Rock ‘n’ Roll. UBSM. Valor. Chale. Lluvia. Trompetas. Antisocial. Chido. Original. Infierno. Berlioz. Existencia. Fracaso. Confiable. Inutil. Soledad. Yo.

Ven

sábado, 11 de junio de 2011

Ven, escucha mi corazón al decir tu nombre
Escucha los tambores de guerra y aires de paz
Escucha tus defectos como no tus virtudes
Escucha tu sonrisa, tu mirada y tu sentir

Ven, observa mi corazón al ver tus ojos
Observa los veloces latidos que despide
Observa lo que quieres tu de mi
Observa tu silencio, tu mirar y tu reír

Ven, siente mi corazón al pensar en ti
Siente la fuerza de su tranquilidad
Siente el calor que producen tus labios
Siente tu risa, tu pensar y tu mirar.

Ven, ama a mi corazón como él a ti
Ama lento, con cariño y tu ternura.
Ama con tu corazón, pedazo de gloría.
Ama como solo tú sabes amar.

Ven, vuelve y se feliz entre mis brazos
Ven, crece conmigo y no te vayas más
Ven, quédate conmigo una eternidad
Ven, enséñame a volar y volemos juntos
Ven, ámame como yo te amo a ti.

Borrego,

Antes de morir

lunes, 6 de junio de 2011

Y que me encuentro un video en el famoso cybermundo del Yutubí. Bueno, realmente me lo encontré en el muro de un güey bastante simpático llamado Brando que me copia el estilo y que se siente Spaydermanoalgoasí. Total, me he robado el video porque realmente me parece muy interesante y creativo lo que hace esta niña que no conozco y que en mi vida he visto (No des click aquí para visitar su perfil).



Algún día, juro que me piratearé la idea y crearé uno igual pero no tan chingón.

Saludos Marianita y Brando.

PD. El nuevo sistema de publicado de videos de Yutubí para blogger me la ha pelado una vez más.

Distrito Federal

domingo, 5 de junio de 2011

La nostálgica luz de la luna entra por la ventana de mi carro que atraviesa Zaragoza a vuelta de rueda. No hay nada como conducir en la Ciudad de México para platicar con uno mismo. El automóvil se ha puesto deprimente y canta a todo volumen con los Bunkers –Adiós, amor…- . El pasado se fue disolviendo en la carretera, se lo comió el viento y algunos coyotes marihuanos porque aquí no es así.

Y de pronto me siento un parasito dentro del gran monstruo que es la Ciudad de México y acelero al dejar atrás Viaducto, pero en Tlalpan la cosa vuelve a la normalidad y el tráfico se enfurece, la gente se encabrona y la vida no vale dos pesos en una ciudad que está de mal humor.

A un costado corre furiosa la serpiente naranja que hace las veces de solitaria y las otras de transporte público. Los pasajeros del colectivo miran burlones las caras de los conductores que llevan dos horas encerrados en el embotellamiento cotidiano.

Aquí los Corvettes y los Dart 89’ corren exactamente lo mismo y lo mismo se dicen un taxista principiante que lleva colgado un disco del retrovisor y un chofer privado de esos elegantes y con boina cuando uno le gana el espacio al otro en esta guerra de motores y movimiento: ‘¡Chinga tu madre wey!’

Ha llegado la hora y en las esquinas se dejan ver las vendedoras de amor, las mujeres de la vida galante: las putas. La fila de coches comienzan a hacerse larga y el tráfico comienza a disminuir.

Esta vez entré por Portales para ver lo miserable que aún no se vuelve mi Barrio y veo en la esquina a un par de señores ahogados en alcohol cantándole con furia a una mujer que no los escucha y que más tarde se agarrarían a golpes o eso creyeron.

La Ciudad de la esperanza se ha obscurecido un poco más y el chevy comienza a exigir gasolina cuando por fin logro llegar a mi viejo departamentito de Antillas ahogado en cansancio y con resaca auditiva por tantas bocinas y fiestas por la calle.

Un animal dentro de mí me reclama a gritos que tengo que alimentarlo, que no sea culero, que llevo doce horas sin tragar más que unas sabritas rancias y una coca cola caduca. Lo primero que me cae a la mente es un bien servido plato de espaguetti del Italiani’s de Universidad pero mi cartera me lo impide: Cien pinches pesos. La segunda fue La Flama pero francamente me daba flojera manejar una vez más.

La opción fueron los ya famosos tacos de General Anaya y me tocó a mí burlarme ahora de los dos coches que pasan a cien por hora en la irónica e impredecible calzada de Tlalpan. No me dio tiempo ni de ponerme los audífonos cuando ya estaba ordenando: Dos campechanos sin aguacate por favor.

Después de quien sabe cuántos tacos, algunas cervezas y ‘la cuenta y dos policias’ me encaminé a casa, esta vez a pie pues el metro había cerrado ya, cuando pude verla sentada en la banqueta con sus verdes ojos goteantes...

By Borrego,

Continuará.